domingo, 25 de octubre de 2026

CUANDO TENER MÁS COSAS NO SIGNIFICA VIVIR MEJOR

 


¿De qué sirve vivir en una sociedad cada vez más rica, con más productos, más tecnología y una mayor capacidad de consumo, si una parte de la población no tiene garantizadas las condiciones necesarias para vivir dignamente?

sábado, 24 de octubre de 2026

POR QUÉ PODEMOS ME REPRESENTA?

 

 

Porque comparto una manera de entender la política que sitúa la dignidad de las personas, la justicia social, la igualdad, la paz y la defensa de lo público por encima de los intereses económicos particulares.

Porque creo que la democracia no puede limitarse a garantizar derechos sobre el papel, sino que debe asegurar las condiciones materiales necesarias para ejercerlos. Porque no es plenamente libre quien no puede acceder a una vivienda, quien tiene que aceptar cualquier condición laboral para sobrevivir o quien depende económicamente de otros para tomar decisiones sobre su propia vida.

Para mí, la libertad, la igualdad y la democracia son inseparables de las condiciones económicas y sociales en las que vivimos.

Y porque entiendo que la política no debe limitarse a gestionar las desigualdades existentes, sino que debe aspirar a transformar las estructuras que las producen y perpetúan.

Estos son los principios y las propuestas por los que me identifico con Podemos.

1. LA PAZ, EL ANTIMILITARISMO Y LA DEFENSA DEL DERECHO INTERNACIONAL

Porque creo que la paz debe ser una prioridad política y que los conflictos internacionales deben abordarse mediante la diplomacia, la negociación y el respeto al derecho internacional.

Podemos rechaza la escalada armamentística, cuestiona el papel de la OTAN, defiende el desarme nuclear y apuesta por una política exterior independiente de los intereses estratégicos de las grandes potencias.

Comparto la idea de que la seguridad no puede construirse exclusivamente mediante la acumulación de armamento y que los recursos públicos deben priorizar  las necesidades sociales, la cooperación internacional y la prevención de los conflictos.

Porque la paz no es únicamente la ausencia de guerra: también requiere justicia, respeto a los derechos humanos y unas relaciones internacionales basadas en la cooperación y no en la imposición del más fuerte.

2. LA REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA Y JUSTICIA SOCIAL 

Porque considero que una sociedad no puede calificarse de justa cuando el crecimiento económico beneficia principalmente a una minoría mientras una parte importante de la población tiene dificultades para satisfacer sus necesidades básicas.

Podemos defiende una fiscalidad progresiva, la lucha contra el fraude y la evasión fiscal y una mayor contribución de los grandes patrimonios y beneficios empresariales para financiar derechos y servicios públicos.

Comparto la convicción de que la riqueza que genera una sociedad debe contribuir al bienestar colectivo y que quienes disponen de mayor capacidad económica deben realizar un esfuerzo proporcionalmente mayor.

No se trata únicamente de combatir la pobreza, sino también de reducir las enormes desigualdades en la distribución de la riqueza y del poder económico.

Porque el éxito económico de un país no debería medirse solamente por cuánto crece su economía, sino también, y sobre todo,  por cómo se reparte la riqueza y cómo vive la mayoría de su población.

 3. DEFENSA DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS Y DE SU GESTIÓN PÚBLICA DIRECTA

Porque considero que la sanidad, la educación, los servicios sociales y la atención a la dependencia son derechos y no oportunidades de negocio.

Podemos defiende que estos servicios deben garantizarse desde lo público, tanto en su financiación como en su gestión. Se opone a su privatización y apuesta por recuperar progresivamente la gestión directa de aquellos que han sido externalizados.

Comparto este planteamiento porque considero que la finalidad de un servicio público debe ser atender las necesidades de la ciudadanía, no generar beneficios para empresas privadas.

La gestión pública permite que las administraciones asuman directamente la responsabilidad sobre las decisiones, las inversiones y la calidad del servicio, siempre que existan transparencia, recursos suficientes y mecanismos eficaces de control.

También defiendo unas condiciones laborales dignas para quienes sostienen estos servicios y que los recursos disponibles se reinviertan en mejorarlos.

Porque lo público debe estar al servicio del interés general y porque los derechos fundamentales no deberían depender de la capacidad económica de cada persona.

4. LA VIVIENDA COMO DERECHO Y NO COMO NEGOCIO ESPECULATIVO

Porque considero inaceptable que acceder a una vivienda digna se haya convertido en una de las mayores dificultades económicas para millones de personas, especialmente para la juventud y las familias trabajadoras.

Podemos apuesta por erradicar las prácticas especulativas en el mercado inmobiliario, regular los precios del alquiler, combatir el acaparamiento de viviendas, ampliar significativamente el parque público de alquiler asequible y evitar la privatización del patrimonio público residencial.

Comparto la idea de que la vivienda es un derecho fundamental, no una mercancía con la que especular ni un instrumento para acumular riqueza a costa de las necesidades de la mayoría. Nadie debería poder enriquecerse convirtiendo en un negocio el derecho de otras personas a tener un hogar.

No se trata de negar la propiedad privada ni de eliminar el alquiler residencial, sino de impedir que la búsqueda de rentabilidades especulativas convierta una necesidad básica en un bien inaccesible para una parte creciente de la población.

Defiendo especialmente la creación de un parque público de vivienda permanente, de gestión pública y destinado al alquiler asequible.

Porque una vivienda debe ser, ante todo, un lugar donde desarrollar un proyecto de vida, no simplemente un activo financiero del que obtener la máxima rentabilidad posible

 5. DEFENSA DE LOS DERECHOS LABORALES, SALARIOS DIGNOS Y REDUCCIÓN DE LA JORNADA LABORAL

Porque considero que trabajar debe permitir vivir dignamente y no simplemente sobrevivir.

Podemos propone elevar el salario mínimo interprofesional a 1.800 euros mensuales, reducir la jornada laboral a 30 horas semanales sin pérdida salarial, combatir la precariedad y fortalecer la negociación colectiva.

Comparto el objetivo de mejorar los salarios y repartir de manera más justa los beneficios del progreso económico y tecnológico.

Los avances en productividad no deberían traducirse exclusivamente en mayores beneficios empresariales, sino también en mejores condiciones laborales y más tiempo para la vida personal, familiar y social.

Soy consciente de que transformaciones de esta magnitud requieren planificación, gradualidad y medidas que permitan adaptarse a las pequeñas empresas y a los sectores con mayores dificultades.

Pero considero que esas dificultades deben abordarse con políticas económicas adecuadas, no utilizarse para descartar de antemano cualquier avance en los derechos laborales.

Porque el progreso no debería significar únicamente producir más, sino también vivir mejor, trabajar en condiciones dignas y disponer de tiempo para vivir.

 6. EL FEMINISMO,  LA IGUALDAD REAL, Y LA TRANSFORMACIÓN DE LAS ESTRUCTURAS DE DESIGUALDAD

Porque creo que la igualdad entre mujeres y hombres no se consigue únicamente reconociendo los mismos derechos ante la ley.

Podemos defiende un feminismo que busca transformar las desigualdades económicas, laborales, sociales y culturales que siguen afectando a las mujeres.

Apuesta por erradicar las violencias machistas, garantizar los derechos sexuales y reproductivos, promover la autonomía económica de las mujeres y desarrollar un sistema público de cuidados que permita repartir de manera justa las responsabilidades familiares y sociales.

Comparto especialmente la idea de que los cuidados no pueden seguir recayendo mayoritariamente sobre las mujeres ni mantenerse invisibles en la organización económica de nuestra sociedad.

Cuidar a la infancia, atender a las personas mayores o acompañar a quienes se encuentran en situación de dependencia son trabajos imprescindibles para sostener la vida y deben contar con reconocimiento social, recursos públicos y condiciones laborales dignas.

También considero fundamental garantizar la autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos, sus decisiones y sus proyectos de vida.

Porque no puede existir igualdad real sin autonomía económica, sin libertad sobre el propio cuerpo, sin una vida libre de violencias y sin una distribución justa del trabajo y de los cuidados.

7. LA PROTECCIÓN DE LOS RECURSOS Y LOS SECTORES ESTRATÉGICOS: EL INTERÉS GENERAL POR ENCIMA DEL BENEFICIO PRIVADO

Porque considero que los recursos imprescindibles para la vida no deberían gestionarse atendiendo exclusivamente a criterios de rentabilidad económica.

Podemos defiende que el agua, la energía y determinados servicios básicos deben estar al servicio del interés general.

Apuesta por recuperar la gestión pública de servicios privatizados, crear empresas públicas en sectores estratégicos, combatir la concentración del poder económico y garantizar el acceso de toda la ciudadanía a los suministros esenciales.

Comparto la convicción de que el Estado y las administraciones públicas no deben limitarse a corregir los problemas que genera el mercado, sino que deben tener capacidad para intervenir directamente en la economía y garantizar los derechos colectivos.

La propiedad y la gestión públicas, acompañadas de transparencia y buena administración, son instrumentos para democratizar la economía, orientar las inversiones hacia las necesidades sociales y reducir la dependencia de determinados intereses privados.

Porque el agua, la energía y los recursos esenciales para la vida deben estar al servicio de las personas, y no las personas al servicio de su rentabilidad.

8. LA JUSTICIA CLIMÁTICA, LA PROTECCIÓN DEL TERRITORIO Y UNA TRANSICIÓN ECOLÓGICA SOCIALMENTE JUSTA

Porque considero que el cambio climático constituye uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo y que sus consecuencias afectan tanto al medio ambiente como a nuestra salud, nuestra economía y nuestras condiciones de vida.

Podemos defiende reducir las emisiones contaminantes, impulsar las energías renovables, proteger los ecosistemas, reforzar el control público de los recursos estratégicos y transformar el modelo productivo hacia actividades sostenibles.

Comparto especialmente su planteamiento de que la transición ecológica debe realizarse con criterios de justicia social.

No sería justo que las familias trabajadoras y los sectores más vulnerables asumieran los mayores costes de una crisis ambiental a la que han contribuido de manera desigual.

Por eso defiendo que quienes más contaminan y disponen de mayor capacidad económica deben asumir mayores responsabilidades.

También considero imprescindible cuestionar un modelo de desarrollo basado en el aumento permanente del consumo de recursos naturales, como si viviéramos en un planeta sin límites.

Debemos revisar qué producimos, cómo lo producimos, cuánto consumimos y para qué, dando prioridad a las necesidades humanas, la conservación de los recursos y el bienestar colectivo.

Porque no puede haber justicia social sin justicia climática, ni una transición ecológica verdaderamente justa si sus costes recaen sobre quienes menos recursos tienen y menor responsabilidad poseen en el deterioro ambiental.

9. LA PROFUNDIZACIÓN DEMOCRÁTICA, LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN Y LA ELIMINACIÓN DEL PODER  DE LAS ÉLITES ECONÓMICAS 

Porque considero que la democracia no puede reducirse al ejercicio del derecho al voto cada cuatro años.

Podemos defiende que las decisiones políticas deben responder al interés general y no estar condicionadas por la influencia desproporcionada de los grandes poderes económicos.

La concentración excesiva de riqueza puede convertirse también en una concentración de poder político, especialmente mediante la influencia sobre los gobiernos, las instituciones, los medios de comunicación y la elaboración de las leyes.

Por eso comparto sus propuestas para combatir la corrupción y las puertas giratorias, regular los grupos de presión, reforzar la transparencia institucional, garantizar el pluralismo informativo y ampliar los mecanismos de participación ciudadana.

También considero necesario democratizar la economía, fortalecer los derechos laborales y ampliar el control público sobre los sectores estratégicos.

Una sociedad en la que unos pocos concentran enormes recursos económicos corre el riesgo de que esa desigualdad se traduzca también en una capacidad desigual para influir en las decisiones colectivas.

Y esto exige controles tanto sobre los poderes privados como sobre las propias instituciones públicas.

Porque una democracia plena no debería limitarse a garantizar que todas las personas tengan un voto, sino también impedir que la concentración de riqueza se convierta en el poder  sobre las decisiones que afectan al conjunto de la ciudadanía.

10. LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS, LA DIVERSIDAD, LA INCLUSIÓN  Y LA SOLIDARIDAD 

 Porque creo en una sociedad en la que todas las personas tengan los mismos derechos, independientemente de su origen, nacionalidad, situación económica, orientación sexual, identidad de género, discapacidad, creencias o cualquier otra condición personal o social.

Podemos defiende los derechos de las personas migrantes y refugiadas, del colectivo LGTBIQ+ y de quienes sufren discriminación o exclusión social.

Apuesta por combatir el racismo, la xenofobia, la LGTBIfobia y cualquier forma de discriminación, proteger la diversidad familiar y promover una sociedad inclusiva.

Comparto la idea de que los derechos humanos deben ser universales y de que su reconocimiento formal debe acompañarse de políticas públicas que permitan ejercerlos realmente.

También defiendo una solidaridad que no termine en nuestras fronteras, basada en la cooperación entre los pueblos, la protección de las personas más vulnerables y el respeto al derecho internacional.

La diversidad de identidades, culturas, creencias y formas de vida no debería entenderse como una amenaza, sino como una realidad que debe abordarse desde el respeto a los derechos y libertades de todas las personas.

Porque una sociedad democrática no debe exigir que todas las personas seamos iguales en nuestras identidades, creencias o formas de vida, sino garantizar que todas seamos iguales en derechos, dignidad y oportunidades.

 11. LA DEFENSA DE LAS PENSIONES PÚBLICAS FRENTE ALA PRIVARIZACIÓN Y LA CAPITALIZACIÓN

Porque considero que una pensión digna es un derecho social que debe estar garantizado colectivamente y no depender de la capacidad individual de ahorro ni de los resultados de los mercados financieros.

Podemos defiende el fortalecimiento del sistema público de pensiones, basado en el reparto y la solidaridad entre generaciones, la revalorización de las pensiones para mantener su poder adquisitivo y la mejora de las pensiones mínimas y no contributivas.

Comparto su rechazo a sustituir progresivamente el sistema público por modelos de capitalización individual, en los que cada persona debe acumular ahorros e invertirlos para financiar su propia jubilación.

Considero que convertir las pensiones en un producto financiero supone trasladar una parte importante de la responsabilidad y de los riesgos desde el conjunto de la sociedad hacia cada trabajador o trabajadora, y puede aumentar las desigualdades entre quienes han tenido salarios elevados y carreras laborales estables y quienes han sufrido precariedad, desempleo o interrupciones para dedicarse a los cuidados.

Defiendo un sistema público sólido, financiado de manera suficiente y sostenible, en el que las pensiones sean un instrumento de protección social y solidaridad intergeneracional, no una fuente de negocio para las entidades financieras.

Porque una vida de trabajo debe dar derecho a una vejez digna, no a una jubilación condicionada por las fluctuaciones de la Bolsa. Las pensiones son un derecho social, no un negocio financiero.

POR TODO ESTO PODEMOS ME REPRESENTA 

No porque considere que todas sus decisiones hayan sido acertadas, ni porque comparta necesariamente cada una de sus propuestas. Tampoco porque renuncie a cuestionar sus errores o a exigir rigor, coherencia y responsabilidad en su acción política.

Me representa porque comparto los principios fundamentales de su proyecto.

La paz frente a la escalada bélica. La justicia social frente a los privilegios. Los servicios públicos frente a la mercantilización de los derechos. La vivienda como un hogar y no como un negocio especulativo. El trabajo digno frente a la precariedad. El feminismo frente a las desigualdades. La protección de los recursos comunes frente a su explotación exclusivamente lucrativa. La justicia climática frente al deterioro del planeta. La democracia frente a la concentración del poder económico. Y los derechos humanos frente a la discriminación y la exclusión.

Porque considero que el bienestar de una sociedad no puede medirse solamente por sus indicadores macroeconómicos, mientras una parte importante de su población tiene dificultades para acceder a una vivienda, mantener unas condiciones de vida dignas o desarrollar libremente su proyecto personal.

Porque no entiendo la libertad como un privilegio de quienes disponen de recursos suficientes para ejercerla.

Y porque estoy convencida de que la política debe servir para transformar las condiciones que generan desigualdad, proteger los bienes comunes y garantizar que todas las personas puedan vivir con dignidad.

No busco un proyecto político perfecto ni un partido al que haya que darle siempre la razón. Busco un proyecto cuyos principios se correspondan con la sociedad que quiero contribuir a construir.

Por eso Podemos me representa. Porque creo que la economía debe estar al servicio de las personas, que los derechos no pueden depender del poder adquisitivo y que la democracia debe tener la capacidad de situar el interés general por encima de los privilegios de unos pocos.

Porque gobernar no debería consistir únicamente en administrar lo que existe, sino también en tener la voluntad política de transformar aquello que consideramos injusto.

 

 

viernes, 23 de octubre de 2026

¿QUIÉN LES HA DADO DERECHO A DECIDIR POR NOSOTRAS?

 

 
 
😠  Que Feijoo y toda la derecha pretendan cuestionar el derecho al aborto, un derecho conquistado tras décadas de lucha de las mujeres de este país, dice mucho de su compromiso real con el feminismo, la igualdad y la libertad de las mujeres. 
 
😠  Que no nos engañen: detrás de estas propuestas sigue estando la pretensión de decidir por nosotras, de establecer hasta dónde llega nuestra libertad y quién tiene la última palabra sobre nuestras vidas.
 
✊💜  El verdadero compromiso con el feminismo y la igualdad se demuestra respetando la libertad de las mujeres, también cuando nuestras decisiones no coinciden con las convicciones de otros.
 
💪  Nuestra libertad, nuestros derechos y nuestras decisiones nos pertenecen.

¿LIBERTAD PARA QUIÉN?

 

                                                                                                                      Imaxe creada do IA
 
Para Milei, la libertad es, sobre todo, libertad individual y económica. Rechaza la justicia social, cuestiona el Estado del bienestar y se opone a las políticas que buscan corregir las desigualdades mediante la redistribución de la riqueza.
 
Pero ¿de qué libertad nos habla? ¿De la libertad de quienes tienen dinero y poder para elegir, mientras los demás tienen que conformarse con lo que pueden pagar?
 
¿Qué libertad tiene quien trabaja y no puede acceder a una vivienda? ¿Quien necesita atención sanitaria y no puede pagarla? ¿Quien tiene que aceptar condiciones laborales injustas porque no tiene otra alternativa?
 
Cuando el dinero determina tus oportunidades, la libertad deja de ser un derecho para convertirse en un privilegio.
 
No nos engañemos: la libertad de unos pocos para acumular cada vez más riqueza y poder no garantiza la libertad de la mayoría.
 
No queremos vivir en una sociedad del “tanto tienes, tanto vales”.
 
Queremos una sociedad en la que todas las personas tengan el mismo valor, independientemente del dinero que tengan en el bolsillo.
 
Porque la verdadera libertad no consiste solamente en que nadie te impida elegir.
 
Consiste también en disponer de las condiciones materiales y las oportunidades necesarias para hacerlo.
 
Es tendencioso el uso que Milei y la derecha española hacen de la palabra libertad
 
¡La libertad no puede ser un lujo reservado a quienes pueden pagarla!
 
¡Defender el Estado del bienestar también es defender nuestra libertad!
 
No basta con proclamar que todos somos libres. Hay que preguntarse si todos y todas tenemos las condiciones necesarias para serlo.

domingo, 18 de octubre de 2026

¿Cómo es posible que cada vez haya más ultrarricos mientras tener una vivienda digna resulta cada vez más difícil?

 

Hoy hablábamos Alberto y yo sobre el aumento del número de ultrarricos y sobre cómo unas pocas personas acumulan cantidades cada vez más ingentes de dinero, mientras una parte importante de la sociedad tiene cada vez más dificultades para vivir dignamente.

Y pensábamos en la vivienda.

Vemos cómo la juventud de nuestro país, una de las generaciones mejor preparadas de nuestra historia, sale a las calles y llena las plazas para reclamar algo tan elemental como poder construir su propio proyecto de vida.

El paro juvenil se ha reducido prácticamente a la mitad desde 2015. Hay más jóvenes trabajando, pero tener un empleo ya no garantiza poder independizarse. Una parte desproporcionada de sus salarios se va en pagar la vivienda, mientras el encarecimiento de la cesta de la compra y otros bienes esenciales hace todavía más difícil llegar a fin de mes.

¿Y qué tienen que ver los ultrarricos con todo esto?

Mucho. Porque cuando la riqueza se concentra en pocas manos, también aumenta la capacidad de sus propietarios para controlar recursos y bienes de los que todos dependemos.

Y la vivienda es un ejemplo especialmente claro.

Lo que para una familia es una necesidad básica, para un gran inversor puede ser simplemente un activo con el que obtener rentabilidad. Compra viviendas no para habitarlas, sino para obtener ingresos o aumentar su patrimonio.

Y cuanto más difícil resulta acceder a una vivienda, mayores pueden ser las oportunidades de negocio para quienes controlan una parte significativa de la oferta.

Ahí está una de las grandes contradicciones de nuestro sistema económico: lo que para unos es una necesidad imprescindible, para otros puede ser una oportunidad de enriquecimiento. 

Hoy hablamos de la vivienda. Pero también podemos hablar del agua, de la energía, de los alimentos o de cualquier otro bien imprescindible para la vida.

Porque cuando los bienes esenciales se convierten en instrumentos de acumulación de riqueza, el derecho a vivir dignamente acaba compitiendo con el derecho de unos pocos a obtener la máxima rentabilidad.

Y deberíamos preguntarnos si una sociedad puede considerarse verdaderamente próspera cuando genera cada vez más riqueza, pero una parte de su población no puede permitirse algo tan básico como tener un hogar.

La juventud está en las plazas para que lo tengamos claro. No piden privilegios. Reclaman lo que merecen: un futuro digno.

 

Y ahora, hablemos de política.

Por qué deberíamos confiar en Podemos cuando hablamos del grave problema de la  vivienda en nuestro país?

Porque las posiciones políticas no deberían juzgarse únicamente por lo que los partidos prometen durante una campaña electoral, sino también por lo que han defendido durante años, especialmente cuando hacerlo les ha supuesto enfrentarse a otros partidos o asumir costes políticos

Y Podemos lleva años situando el derecho a la vivienda entre sus principales prioridades. Lo hizo cuando formaba parte del Gobierno de coalición y lo ha seguido haciendo desde la oposición.

Ha reclamado regular los precios del alquiler, ampliar el parque público de vivienda, combatir la especulación, limitar los alquileres turísticos y proteger a las personas frente a los desahucios.

No son propuestas que hayan aparecido ahora, cuando miles de jóvenes ocupan las plazas para exigir un futuro digno.

Podemos lleva años defendiendo que la vivienda debe ser un derecho y no un negocio con el que enriquecerse a costa de las necesidades de los demás.

Cuando hablamos de derechos fundamentales, la credibilidad no se demuestra con discursos de campaña, sino con lo que se ha defendido y con las decisiones que se han tomado a lo largo del tiempo.


Te recomendaría estos enlaces a noticias de prensa, repartidos en distintos años, para que se vea la continuidad de las reivindicaciones.

 

     19/03/21 

 

   El País · 24 de abril de 2023 

   Servimedia · 3 de octubre de 2021

   RTVE · 6 de abril de 2022 

   RTVE · 8 de noviembre de 2022 

   El País · 24 de abril de 2023

   El País · 19 de octubre de 2024 

  Europa Press · 9 de febrero de 2025 

  elDiario.es · 7 de julio de 2026 

 

 

jueves, 15 de octubre de 2026

Pensións, aforros e armamento: quen asume os riscos e quen recolle os beneficios?

 

Cara onde nos quere levar PP e Vox?  Que modelo de sociedade defenden?  Que intereses pretenden beneficiar?

Queremos que o futuro das nosas pensións dependa da Bolsa? Que os aforros de toda unha vida poidan acabar financiando empresas de armamento? Que os riscos os asumamos nós, mentres outros cobran comisións e obteñen beneficios?

Queremos unha Europa na que os mercados financeiros sexan cada vez máis poderosos, alimentándose cos aforros acumulados durante toda unha vida de traballo por millóns de persoas, mentres os dereitos sociais se debilitan e o noso futuro se volve cada vez máis inseguro?

Ou queremos un país no que envellecer non signifique vivir con medo ao futuro?

Porque, despois de toda unha vida traballando, o que merecemos é descansar con dignidade. Non vivir pendentes de se a Bolsa sobe ou baixa para saber se poderemos pagar a luz, facer a compra ou chegar a fin de mes. 

Que está acontecendo en Europa? 

Christine Lagarde, presidenta do Banco Central Europeo, insiste na necesidade de mobilizar os aforros dos europeos e europeas para financiar os investimentos que necesita a economía europea.

A Comisión Europea impulsa a Unión do Aforro e dos Investimentos, promove as pensións complementarias e quere que unha parte maior do diñeiro dos cidadáns e das cidadás se dirixa aos mercados financeiros.

Ao mesmo tempo, Europa está embarcada nun enorme programa de rearme e busca atraer capital privado para financiar a industria de defensa. 

E isto último non é unha interpretación. A propia Comisión Europea inclúe entre as súas propostas acelerar a Unión do Aforro e dos Investimentos para mobilizar capital privado cara á industria de defensa.

Quen decidiu que non podemos pagar as pensións? 

Repítennos continuamente que o sistema público de pensións non é sostible, que a caixa vai quedar baleira, que no futuro non haberá cartos suficientes para pagar as nosas pensións.

Pero eu pregúntome: se somos millóns de persoas traballando, producindo riqueza e contribuíndo ao sostemento do país, por que temos que aceptar que non haberá cartos para as pensións?

As pensións non son un peto condenado a quedar baleiro. Son unha decisión política e económica, unha cuestión de prioridades e de distribución da riqueza.

As pensións non son un negocio financeiro. Son unha conquista social. Son seguridade, tranquilidade e dignidade para millóns de persoas.

Cara onde nos queren levar a dereita e a extrema dereita do noso país? 

Despois de toda unha vida traballando, merecemos a tranquilidade de saber que teremos unha pensión digna, sen que o noso futuro dependa da rendabilidade dos investimentos financeiros nin dos riscos que outros decidan asumir con noso aforros.

Cara onde nos quere levar a dereita? Que modelo de sociedade defende? Que intereses pretende beneficiar?

E, sobre todo, quen vai gañar e quen vai perder se permitimos que o futuro das nosas pensións dependa cada vez máis dos mercados financeiros?

 

 Ollo! Votar mal pódenos saír moi caro!!!

 

Bibliografía:

 Enlaces:

1. Christine Lagarde — Banco Central Europeo (22/11/2024)  : mobilización do aforro privado.

2. Comisión Europea — Unión do Aforro e dos Investimentos (19/03/2025) 

3. Comisión Europea — Pensións complementarias (20/11/2025) 

4. Comisión Europea — O futuro da defensa europea  :  Recolle a proposta de acelerar a Unión do Aforro e dos Investimentos para mobilizar capital privado cara á industria europea de defensa.

 

 

 

 

 


miércoles, 14 de octubre de 2026

Que é o que lle molesta á dereita, que unha persoa de esquerdas teña unha vida digna ou que queira que os demais tamén poidan tela?

 

 

 

 Imaxe xerada por IA 

Hai quen pretende desacreditar as persoas de esquerdas simplemente porque teñen unha casa en propiedade, un bo salario ou unha vida cómoda, acusándoas  de que non predican co exemplo, coma se defender a igualdade, a redistribución da riqueza e os dereitos sociais esixise vivir na precariedade.

É unha forma de demagoxia que confunde deliberadamente a igualdade coa pobreza.

Ser de esquerdas non significa renunciar ao benestar persoal. Significa defender que ese benestar non sexa un privilexio reservado a uns poucos, senón unha posibilidade real para toda a sociedade.

A contradición non está en ter unha casa e defender o dereito á vivenda. A contradición estaría en ter unha casa e defender políticas que impidan aos demais acceder a unha.

Do mesmo xeito, non hai contradición en ter un bo salario e defender salarios dignos, nin en vivir comodamente e reclamar uns servizos públicos de calidade.

Evidentemente,  podemos cuestionar a quen defende a igualdade mentres se aproveita de privilexios inxustos, explota outras persoas, especula coa vivenda ou utiliza o seu poder para manter desigualdades. Pero iso debe xulgarse polos seus actos, non polo simple feito de vivir ben.

O obxectivo da esquerda non é que quen vive ben viva peor, senón que quen vive mal poida vivir mellor.

Neste titular temos un bo exemplo de como as dereitas pretenden desacreditar a activistas de esquerdas porque proceden de familias acomodades e defenden os dereitos de todas a unha vida digna. 

E quizais esa sexa a pregunta que deberiamos facer a quen utiliza este argumento: que é exactamente o que lle molesta, que unha persoa de esquerdas teña unha vida digna ou que queira que os demais tamén poidan tela?

 

martes, 13 de octubre de 2026

¿Y el cambio climático? ¿No debería ser también una prioridad en estas elecciones?

 

Aunque estas elecciones son, sin duda, las elecciones de la vivienda, no deberían serlo menos del cambio climático.

La realidad supera ya a la ficción. De un extremo a otro del planeta asistimos a fenómenos meteorológicos extremos, inundaciones devastadoras, sequías prolongadas, incendios cada vez más difíciles de controlar y temperaturas que baten récords.

Catástrofes que empiezan a formar parte de nuestra cotidianidad.

Y no, no son normales.

O, mejor dicho, no deberíamos aceptar como normal lo que está ocurriendo. Porque, aunque los fenómenos extremos siempre han existido, el cambio climático está aumentando la frecuencia y la intensidad de muchos de ellos.

No podemos acostumbrarnos a las imágenes de pueblos inundados, bosques arrasados o personas que pierden sus hogares y sus medios de vida.

El cambio climático no es una amenaza del futuro. Es una realidad del presente.

Y debería ocupar un lugar central en cualquier debate electoral. Porque no estamos hablando únicamente de proteger el medio ambiente, sino de proteger nuestras vidas, nuestra salud, nuestras viviendas y el futuro de las próximas generaciones.

Por eso, deberíamos exigir también a los candidatos y candidatas que nos expliquen cuáles son sus propuestas para mitigar el cambio climático y aumentar nuestra resiliencia frente a sus consecuencias.

Pero no basta con grandes declaraciones de intenciones. Necesitamos medidas concretas, compromisos verificables y presupuestos que permitan llevarlas a cabo.

¿Qué van a hacer para reducir las emisiones? ¿Cómo van a preparar nuestros pueblos y ciudades frente a las inundaciones, las olas de calor, las sequías y los incendios?

¿Qué recursos económicos, técnicos y humanos van a poner a disposición de los ayuntamientos para que puedan proteger a sus vecinos y vecinas?

¿Van a apoyar, con las partidas presupuestarias necesarias, la creación y el fortalecimiento de equipos profesionales de prevención, protección y respuesta ante emergencias climáticas?

¿Van a garantizar que todos nuestros municipios, también los más pequeños, cuenten con personal cualificado, medios materiales y servicios de emergencia adecuadamente coordinados para anticiparse a los riesgos y responder con eficacia cuando sea necesario?

Porque no podemos seguir trasladando responsabilidades a los ayuntamientos sin proporcionarles los recursos necesarios para asumirlas.

La protección de nuestros vecinos y vecinas no puede depender exclusivamente de la buena voluntad, del voluntariado o de la capacidad económica de cada municipio. Necesitamos servicios públicos profesionales, bien coordinados y adecuadamente financiados.

La lucha contra el cambio climático no puede quedarse en los discursos electorales. Tiene que traducirse en políticas públicas, planificación, financiación y cooperación entre administraciones.

Y adaptarnos al cambio climático no significa resignarnos a sus consecuencias, sino prepararnos para reducir sus riesgos mientras seguimos combatiendo sus causas.

Y, por cierto:

¿Os habéis preguntado hasta qué punto el cambio climático es realmente una prioridad para quienes nos gobiernan o aspiran a gobernarnos?

Y, sobre todo, ¿hasta qué punto lo es para nosotros y nosotras?

Porque si queremos que ocupe un lugar central en las decisiones políticas, tenemos que dejar claro que también ocupa un lugar central entre nuestras preocupaciones.

Tenemos que enviar un mensaje claro: para nosotras, la lucha contra el cambio climático y la protección de nuestras comunidades sí son una prioridad.

¿O no lo son?

 


 

sábado, 10 de octubre de 2026

Propietarios contra inquilinos: el debate equivocado.

 


 

Ante el debate absurdo de enfrentarnos entre los de abajo -de discutir si es legítimo que una persona tenga una segunda vivienda, si la alquila, si la heredó o si obtiene con ella un ingreso- , quizá estamos perdiendo de vista lo esencial.

El problema no es tener más de una vivienda. Tampoco ponerla en alquiler.

El problema aparece cuando la vivienda deja de tratarse como un bien necesario para vivir y pasa a funcionar exclusivamente como una "inversión" de la que hay que sacar una determinada "rentabilidad".

Me refiero a ese razonamiento de “si me costó 200.000 euros y quiero obtener un 7 % anual, tengo que cobrar unos 1.167 euros al mes” que solo tiene sentido desde la lógica financiera. Ese 7 % no determina cuál es un alquiler razonable. Determina cuánto quiere ganar el propietario con su inversión, tratando la vivienda como si fuera un fondo de inversión.

Y ahí está la cuestión: ¿debe prevalecer la rentabilidad esperada del propietario o el derecho de otra persona a acceder a una vivienda sin empobrecerse ni malvivir para pagarla?

Tener una vivienda y cobrar un alquiler por ella no es el problema. El problema es que ese alquiler sea abusivo, que una familia tenga que destinar una parte desproporcionada de sus ingresos a pagar un techo, que no pueda independizarse, ahorrar, tener hijos o simplemente vivir con dignidad.

Una vivienda no debería tratarse como un activo financiero que tiene que ofrecer una rentabilidad determinada. Debería ser, antes que nada, un lugar donde vivir.

Por eso, cuando el mercado lleva los alquileres hasta niveles que expulsan o empobrecen a las personas y a las familias poner límites a los precios es fundamental.

Porque el verdadero debate no es el de propietarios contra inquilinos.

Al final, se trata de decencia. De poder cobrar un alquiler sin convertir la necesidad de otra persona en una oportunidad para exprimirla. De entender que una vivienda puede proporcionar un ingreso y ser, al mismo tiempo, un hogar. 

Se trata de qué límites ponemos como sociedad para que el derecho de alguien a ingresar un alquiler no termine anulando el derecho de otro a tener un hogar.

 

 

jueves, 8 de octubre de 2026

Irene Montero: transformar lo injusto

 

 

Irene Montero es una mujer joven, formada, trabajadora y feminista. Psicóloga, con un máster y un expediente académico brillante. De las que estudiaba y trabajaba al mismo tiempo. Madre de tres hijos y capaz de desarrollar  una gran parte de su trayectoria política bajo una presión personal y mediática enorme.

Como ministra impulsó cambios que han dejado huella.

La ley del solo sí es sí puso el consentimiento en el centro y obligó a nuestra sociedad a cuestionar comportamientos y agresiones que durante demasiado tiempo se habían normalizado en la vida cotidiana de millones de mujeres.

Impulsó también la Ley Trans y LGTBI, ampliando derechos y protecciones frente a la discriminación, y la reforma de la ley del aborto y de salud sexual y reproductiva, reforzando el acceso a estos derechos desde la sanidad pública.

Apostó además por algo tan básico y esencial como los cuidados. El Plan Corresponsables destinó cientos de millones de euros a facilitar la conciliación, crear servicios de cuidado y empezar a asumir que cuidar no puede seguir recayendo casi exclusivamente sobre las mujeres.

Durante su etapa también se reforzaron recursos frente a las violencias machistas y sexuales, como los centros de atención integral 24 horas y la ampliación de servicios de apoyo.

Y quizá una de las cosas más importantes fue que el Ministerio de Igualdad dejó de ser un departamento periférico. Ganó peso, presupuesto y transversalidad. Igualdad pasó a atravesar debates sobre cuidados, empleo, salud, educación, derechos sexuales, violencia machista, diversidad y corresponsabilidad.

Fuera de las competencias estrictas de su ministerio, Irene Montero también ha estado presente en otros debates centrales para la clase trabajadora, como el acceso a la vivienda, defendiendo la regulación de los alquileres, el aumento del parque público y medidas específicas en las zonas tensionadas.

Y su trabajo no terminó al salir del Ministerio. En el Parlamento Europeo ha seguido dando batalla en algunos de los debates más duros de nuestro tiempo: la defensa de los derechos de las mujeres, la vivienda, los derechos de las personas migrantes y, de manera especialmente intensa, Gaza y Palestina. Ha denunciado la vulneración de derechos humanos, defendido el derecho internacional y rechazado políticas migratorias basadas en la expulsión y la detención. 

Se pueden discutir decisiones, errores y posiciones políticas. Como las de cualquier dirigente.

Pero Irene Montero ha demostrado ser una luchadora incansable. Inteligente, valiente, resistente y capaz de sostener posiciones difíciles bajo una presión política y personal enorme.

Para mí, es una de esas figuras imprescindibles en un gobierno de izquierdas y una mujer perfectamente capaz de aspirar a presidir este país.

No porque sea perfecta.

Sino porque ha demostrado que está dispuesta a dar la batalla hasta el final por transformar aquello que considera injusto.

Irene, mi candidata. 


miércoles, 7 de octubre de 2026

Nuestro bienestar, su negocio

 
 
A los fondos de inversión no les basta con convertir la vivienda en un activo financiero. También quieren hacer negocio con nuestras pensiones.
 
¿Pero qué pasa, que ya no les llega con la sanidad pública privatizada y las residencias de mayores?
 
Vivienda, pensiones, salud, cuidados… Cada vez más ámbitos básicos de nuestra vida, de nuestro Estado del bienestar, convertidos en oportunidades de negocio.
 
Quizá no sea casualidad. En un mundo en el que la tecnología, el petróleo o los materiales están cada vez más expuestos a la volatilidad, el capital busca también valores más seguros: sectores con una demanda constante, porque podemos dejar de consumir muchas cosas, pero no podemos dejar de necesitar vivienda, cuidados, atención sanitaria o una pensión.
 
Y una no puede evitar preguntarse cuál será el siguiente bien esencial convertido en negocio. ¿El agua?
 
La pregunta es inevitable:
 
¿De verdad hay alguien de la clase trabajadora pensando en votar a las derechas?

martes, 6 de octubre de 2026

Para quen medra a riqueza?

 

 

Penso nos últimos corenta anos e decátome de algo que quizais non quixemos ver.

A miña xeración, a de quen hai corenta anos estaba nos vinte, non fixo máis que mellorar durante boa parte da nosa vida. Moitos somos fillos e fillas de traballadores, de obreiros, de emigrantes, de mulleres que foron amas de casa e doutras que traballaron dentro e fóra do fogar. Viñamos de familias humildes que fixeron enormes sacrificios para que nós puidésemos chegar un pouco máis lonxe.

E chegamos.

Estudamos máis ca os nosos pais e nais. Melloramos economicamente. Melloramos socialmente. Melloramos culturalmente. Accedemos a cousas que para eles foran moito máis difíciles ou, directamente, imposibles.

Pero non o fixemos sós.

Tivemos detrás o esforzo das nosas familias, pero tamén unha educación pública que nos abriu portas, unha sanidade pública que nos protexeu, pensións que deron seguridade aos nosos maiores, empregos máis estables, unha vivenda moito máis accesible e un Estado que, con todas as súas carencias, foi construíndo dereitos e servizos que permitían que alguén nacido nunha familia traballadora puidese aspirar a vivir mellor ca os seus pais e nais.

Ese foi o impulso que recibimos.

E quizais a pregunta incómoda que debemos facernos agora é que fixemos nós con todo aquilo.

Porque mentres avanzabamos, mentres mellorabamos as nosas casas, os nosos coches, as nosas posibilidades de consumo e o noso nivel de vida, fomos aceptando un modelo que, pouco a pouco, facía máis difícil que as xeracións seguintes puidesen percorrer o mesmo camiño.

Os nosos fillos e fillas teñen, en moitos casos, máis estudos ca nós, pero acceder a unha vivenda resúltalles moitísimo máis difícil. Encadean traballos precarios, atrasan a súa emancipación, teñen dificultades para formar unha familia se queren facelo e viven coa sensación de que, por moito que se esforcen, quizais nunca acaden a estabilidade que nós chegamos a considerar normal.

E a iso súmase algo aínda maior: deixámoslles un planeta máis quente, máis degradado e cuns recursos sometidos a unha presión enorme.

Non creo que se trate de culpabilizar a cada persoa dunha xeración. Nós tamén vivimos dentro dunhas circunstancias e tomamos decisións condicionados por elas. Pero si creo que temos que asumir unha responsabilidade colectiva.

Porque recibimos dos nosos pais e nais unha sociedade que, con moitísimos problemas, nos permitía imaxinar que os nosos fillos e fillas vivirían mellor ca nós.

E hoxe xa non podemos aseguralo.

Quizais ese sexa un dos grandes fracasos da nosa xeración: ter aproveitado o ascensor social que outros construíron para nós sen preocuparnos o suficiente de que seguise funcionando para quen viña detrás.

Aínda estamos a tempo de preguntarnos que queremos deixarlles.

Porque os nosos fillos e fillas non necesitan que lles expliquemos todo o que traballamos para chegar ata aquí. Necesitan que consigamos que eles tamén poidan avanzar.

E quizais tamén teñamos que revisar que significa realmente vivir mellor.

Durante anos escoitei unha e outra vez a persoas que marchaban traballar ou vivir a outros países da nosa contorna, algúns con economías moito máis grandes ca a nosa, dicir algo moi parecido: que en España sabiamos vivir ben.

E probablemente aí había unha verdade importante.

Vivir ben non significa necesariamente ter máis, consumir máis ou facer medrar sen límite todas as cifras económicas. Tamén significa ter tempo, coidados, seguridade, unha vivenda digna, unha sanidade que responda, unha educación pública de calidade, pensións suficientes, barrios habitables, servizos públicos e a tranquilidade de saber que unha enfermidade, unha perda de emprego ou a vellez non te van deixar completamente só.

Pódese vivir mellor con menos consumo privado se temos máis seguridade colectiva.

Pódese precisar menos diñeiro para vivir dignamente se a vivenda é accesible, se a sanidade e a educación son públicas, se existen servizos de coidados, se as pensións permiten vivir con dignidade e se o transporte, a cultura e os servizos básicos non se converten en luxos.

Porque unha sociedade non debería medirse só polo que produce, senón tamén pola vida que permite vivir.

E aí aparece outra das grandes contradicións do noso tempo: o PIB pode medrar e, ao mesmo tempo, os nosos fillos e fillas poden vivir peor.

Pode aumentar a riqueza dun país mentres unha parte da poboación ten dificultades para pagar un alugueiro, emanciparse, criar, descansar ou simplemente imaxinar un futuro estable.

Por iso non chega con dicir que a economía medra. A pregunta debería ser outra: para quen medra e en que se traduce ese crecemento na vida diaria da xente?

Se queremos que as seguintes xeracións poidan vivir ben, talvez non necesiten reproducir exactamente o noso nivel de consumo. Pero si necesitan algo que nós tivemos durante boa parte das nosas vidas: seguridade.

Seguridade de que, se enferman, serán atendidos.
De que poderán estudar.
De que poderán ter unha casa.
De que os seus fillos e fillas serán coidados.
De que os seus maiores terán unha pensión.
De que non dependerán exclusivamente do patrimonio da familia na que naceron.

E iso require un Estado forte e uns servizos públicos fortes.

Renunciar aos servizos públicos, substituír progresivamente a solidariedade das pensións pola capitalización individual, facer do individualismo a resposta a problemas que son colectivos ou colocar sistematicamente os intereses do capital por diante das necesidades das persoas significa avanzar cara a unha sociedade máis desigual e máis insegura.

Quizais o futuro non consista en ter cada vez máis.

Quizais consista en necesitar menos porque compartimos máis.

Máis servizos públicos.
Máis vivenda pública.
Máis coidados.
Máis seguridade.
Máis comunidade.

E menos medo a caer.

Porque, ao final, o verdadeiro progreso non consiste en que o PIB siga medrando.

Consiste en que as persoas poidan vivir ben.

E hoxe temos que preguntarnos por que, mentres a riqueza segue medrando, tantos dos nosos fillos e fillas senten que a súa vida vai na dirección contraria.