
Irene Montero es una mujer joven, formada, trabajadora y feminista. Psicóloga, con un máster y un expediente académico brillante. De las que estudiaba y trabajaba al mismo tiempo. Madre de tres hijos y capaz de desarrollar una gran parte de su trayectoria política bajo una presión personal y mediática enorme.
Como ministra impulsó cambios que han dejado huella.
La ley del solo sí es sí puso el consentimiento en el centro y obligó a nuestra sociedad a cuestionar comportamientos y agresiones que durante demasiado tiempo se habían normalizado en la vida cotidiana de millones de mujeres.
Impulsó también la Ley Trans y LGTBI, ampliando derechos y protecciones frente a la discriminación, y la reforma de la ley del aborto y de salud sexual y reproductiva, reforzando el acceso a estos derechos desde la sanidad pública.
Apostó además por algo tan básico y esencial como los cuidados. El Plan Corresponsables destinó cientos de millones de euros a facilitar la conciliación, crear servicios de cuidado y empezar a asumir que cuidar no puede seguir recayendo casi exclusivamente sobre las mujeres.
Durante su etapa también se reforzaron recursos frente a las violencias machistas y sexuales, como los centros de atención integral 24 horas y la ampliación de servicios de apoyo.
Y quizá una de las cosas más importantes fue que el Ministerio de Igualdad dejó de ser un departamento periférico. Ganó peso, presupuesto y transversalidad. Igualdad pasó a atravesar debates sobre cuidados, empleo, salud, educación, derechos sexuales, violencia machista, diversidad y corresponsabilidad.
Fuera de las competencias estrictas de su ministerio, Irene Montero también ha estado presente en otros debates centrales para la clase trabajadora, como el acceso a la vivienda, defendiendo la regulación de los alquileres, el aumento del parque público y medidas específicas en las zonas tensionadas.
Y su trabajo no terminó al salir del Ministerio. En el Parlamento Europeo ha seguido dando batalla en algunos de los debates más duros de nuestro tiempo: la defensa de los derechos de las mujeres, la vivienda, los derechos de las personas migrantes y, de manera especialmente intensa, Gaza y Palestina. Ha denunciado la vulneración de derechos humanos, defendido el derecho internacional y rechazado políticas migratorias basadas en la expulsión y la detención.
Se pueden discutir decisiones, errores y posiciones políticas. Como las de cualquier dirigente.
Pero Irene Montero ha demostrado ser una luchadora incansable. Inteligente, valiente, resistente y capaz de sostener posiciones difíciles bajo una presión política y personal enorme.
Para mí, es una de esas figuras imprescindibles en un gobierno de izquierdas y una mujer perfectamente capaz de aspirar a presidir este país.
No porque sea perfecta.
Sino porque ha demostrado que está dispuesta a dar la batalla hasta el final por transformar aquello que considera injusto.
Irene, mi candidata.
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